Sobre la neurosis adolescente

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Sobre la neurosis adolescente

Publicado en la revista nº028

Autor: Jacobs, Theodore

“On the adolescent neurosis” fue publicado originariamente en Psychoanalytic Quarterly, LXXVI, p. 487-513. Copyright 2007 The Psychoanalytic Quarterly. Traducido y publicado con autorización de The Psychoanalytic Quarterly.

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Traducción: Marta González Baz

Revisión: Raquel Morató

 

El autor discute el impacto de la adolescencia en el moldeamiento de la psiquis adulta. El autor sostiene que algunos pacientes nos parecen influenciados por los conflictos de la adolescencia y las soluciones individuales a las que han llegado en este período como lo están por los conflictos y soluciones de la fase edípica. Las subfases de adolescencia temprana, media y tardía se discuten tanto en términos de revisión de la literatura psicoanalítica como en trabajos representativos de ficción literaria. Se presentan también viñetas clínicas ilustrativas

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Hace unas semanas, cuando conducía hacia el trabajo, di con uno de esos programas radiofónicos de llamadas que copan las ondas. El tema del día era el envejecimiento y la longevidad, y el invitado era un investigador que afirmaba que estamos a punto de descubrir modos de ampliar la vida hasta periodos sorprendentes.

 

“Los descubrimientos genéticos y bioquímicos que se harán en el futuro próximo –predijo- ralentizarán el envejecimiento de modo tan dramático que sería concebible que los individuos de la próxima generación y tal vez algunos de los niños que nazcan actualmente, pudieran vivir no 100, sino cientos de años. “

 

Durante el período de llamadas, un oyente asombrado planteaba al locutor: “Mi mujer está esperando un bebé”, comenzó. “¿Me está diciendo que este niño podría vivir realmente durante cuatrocientos o quinientos años?”

 

“No es imposible”, respondió el invitado. “Si ponemos todos nuestros recursos en la investigación, podemos dar con modos de ampliar la vida tanto como eso o incluso más”.

 

“Espere un minuto”, protestó el oyente. “Según mis cálculos, eso significaría que su adolescencia duraría unos 50 años. No creo que esté preparado para eso”.

 

Si bien la adolescencia hoy en día no puede durar medio siglo, su impacto puede durar toda la vida. De hecho, para muchos individuos, las experiencias de los años de adolescencia no sólo modelan y colorean lo que les sucederá, sino que en gran medida lo determina. Para estos individuos, los mundos internos de conflicto e imaginación están fuertemente adheridos a las constelaciones psicológicas de la adolescencia y, en un sentido muy real, no se han movido mucho, si es que se han movido algo, más allá de las mismas, es decir más allá de los conflictos, recuerdos, momentos críticos y resoluciones a las que llegaron durante esa fase vital.

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Para no pocos individuos, estas soluciones son tan influyentes y perdurables que merecen no sólo un lugar más central en nuestra comprensión del desarrollo y sus vicisitudes, sino una designación, un término, propio. Por lo que vale, he llegado a pensar en estas soluciones duraderas a los conflictos adolescentes, con las que todos vivimos en mayor o menor medida, como neurosis adolescente.

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Si bien a lo mejor no usan ese término concreto, numerosos autores (Blos, 1962; Feigelson, 1976; Ritvo, 1971; Spiegel, 1958) de las décadas de los 50 y los 70 enfatizan la importancia de la adolescencia como una entidad psicológica concreta que tuvo una influencia modeladora sobre la personalidad. De especial relevancia para el tema de este artículo, el impacto de la adolescencia en la personalidad adulta, son los artículos de Feigelson y Ritvo.

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Reconstruyendo los conflictos adolescentes de una mujer joven en análisis, Feigelson (1976) rastreó esos conflictos hasta su vida adulta y demostró su influencia en los síntomas y rasgos de carácter que la trajeron a tratamiento. Ritvo (1971) discutía los aspectos especiales del período final de la adolescencia y su impacto en la personalidad adulta. Enfatizó la importancia, en la adolescencia tardía, de remodelar el ideal del yo para sintonizarlo con las capacidades de la persona. Mostró que el fracaso en esta tarea –no infrecuente en el mundo de hoy en día- contribuye a la persistencia en los adultos de un aspecto característico de la adolescencia: la incapacidad para hacer una evaluación certera de las propias fuerzas y limitaciones, con el consiguiente mantenimiento de objetivos y ambiciones poco realistas.

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En gran medida debido al fundamental trabajo de Blos (1962), cuyos estudios abarcativos de la adolescencia iluminaron la fase evolutiva como no se había hecho hasta entonces, aumentó el interés entre los analistas de esa época en explorar la contribución de la adolescencia a la formación de síntomas y al desarrollo del carácter en pacientes adultos. Hoy, el interés en la adolescencia ocupa un segundo lugar ante el foco en el desarrollo de la infancia temprana y, concretamente, en las vicisitudes de la díada infante-madre. Sin embargo, numerosos autores (Brockman, 1984; Chused, 1992; Gilligan, 1982; Hauser y Smith, 1991; Hopkins, 1999; Kernberg, 1998; Kulish, 1998; Laufer, 1993; Novick, 1999; Pick, 1988; Rocah, 1984; Schmukler, 1999) han hecho valiosas contribuciones a varios aspectos del desarrollo en la adolescencia, así como al tratamiento de pacientes adolescentes. Excede el alcance de este artículo revisar esta literatura más reciente, pero deseo mencionar brevemente el trabajo de Kulish (1998) y Rocah (1984), quienes se hallan entre los pocos autores cuyas contribuciones se centran concretamente en la relación entre experiencias psicológicas en la adolescencia y ciertos rasgos de personalidad en adultos.

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Kulis (1998) describe el impacto duradero de los primeros amores en las fantasías, expectativas, conflictos y elecciones de objeto de los adultos jóvenes. Demuestra de forma convincente lo influyentes que estas experiencias pueden ser y a cuántas facetas de la personalidad adulta afectan.

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Rocah (1984) examina los problemas de fijación en las mujeres en el periodo final de la adolescencia, un fenómeno largamente arraigado en los persistentes apegos edípicos negativos. Estos apegos bloquean un mayor desarrollo en las áreas de pensamiento, juicio y acción independientes, resultando en un fracaso al hacer la transición psicológica hacia la primera etapa adulta. Estas mujeres conservan la psicología de la etapa final de la adolescencia durante muchos de sus años de vida adulta.

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Otro cambio que se ha producido en nuestro campo, quizá debido en parte al énfasis actual en la intersubjetividad, las puestas en acto y el momento aquí y ahora en el análisis, es la pérdida o eliminación de ciertos conceptos antiguos, que en años anteriores se consideraban básicos tanto para nuestras formulaciones teóricas como para la práctica clínica. Uno de estos es la noción de neurosis infantil. Si bien se trata de un término abstracto y, en ciertos aspectos, bastante difícil de manejar, la idea de la neurosis infantil tiene valor, puesto que pone de relieve no sólo los conflictos concretos experimentados por un niño determinado, sino también el enorme impacto que el modo en que el niño los resuelve –es decir, las formaciones de compromiso que forja mientras emerge del período edípico- tiene en el resto de su vida.

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Creo que podemos decir prácticamente lo mismo sobre los conflictos en la adolescencia y los resultados –las soluciones individuales- que derivan de ellos. Estos pueden tener un impacto igualmente fuerte en la personalidad. De hecho, diría que, en no pocos individuos, el impacto del periodo adolescente –que abarca y vuelve a poner en funcionamiento estas primeras soluciones intrapsíquicas- en los conflictos y rasgos de carácter posteriores es tan grande o mayor que la más comúnmente reconocida neurosis infantil. Esto en parte puede explicarse por la unión en la adolescencia de fuerzas poderosas: el recrudecimiento de los impulsos de base biológica, el renacer de los conflictos edípicos incestuosos, las luchas en cuanto a la separación y la autonomía, la ampliación de la capacidad de la mente para conceptualizar y para emplear procesos de pensamiento abstracto y simbólico, y las nuevas experiencias –que a menudo implican la experimentación sexual- de la adolescencia como tal. Todas juntas, estas fuerzas crean una intensidad de la experiencia que, reelaborando y alterando las soluciones anteriores forjando nuevas formaciones de compromiso, tienen un profundo impacto en el desarrollo de la personalidad. Además, la agitación psicológica característica de los años adolescentes produce inevitablemente cambios significativos en el sentimiento del self, cambios que se convierten en parte permanentes de la representación de uno mismo.

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Esto no significa que los conflictos de la infancia no sean cruciales para el desarrollo. Está claro que lo son. Ni significa que la solución del niño a estos conflictos no ejerza un efecto crítico en las experiencias de la adolescencia. Por el contrario, los conflictos y resoluciones concretas de la infancia forman un nido, mayor en unos individuos, menor en otros, para lo que acontecerá en el periodo posterior. Pero es incorrecto, creo yo, y en último lugar supone un límite para el trabajo con los pacientes, sostener que en la adolescencia simplemente se reactiva o se revive en una nueva forma la neurosis de la infancia. Algunas expresiones que hemos llegado a utilizar para caracterizar ciertos procesos de la adolescencia, tales como la segunda fase edípica o el segundo periodo de separación-individuación, pueden dar la impresión de que lo que vemos en la adolescencia es principalmente, si no exclusivamente, la renovación de lo viejo, es decir, el renacimiento de los conflictos nucleares de la infancia.

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Aunque está claro que la neurosis adolescente se basa –y debe hacerlo- en los conflictos y formaciones de compromiso de los periodos anteriores, también debe entenderse como una entidad separada, nueva y distinta, formada no sólo a partir de los rescoldos de las viejas luchas nuevamente resurgidas, sino también de las fuerzas únicas psicológicas y biológicas que entran en juego y que inundan la personalidad en este periodo concreto de la vida. Y es esta nueva entidad, diría yo, la que para muchos individuos ejerce una influencia duradera sobre el funcionamiento psíquico y el subsiguiente curso de la vida.

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Fuente que utilizo:  http://www.aperturas.org

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